Los Preservativos Femeninos

El preservativo femenino: una alternativa posible.

Nuevos Preservativos Femeninos de última generáción (Información de un sitio comercial)

El aumento de la incidencia del VIH-Sida en la población femenina desencadena nuevas cuestiones de dicha problemática, y sitúa la necesidad de abordajes de cuidado de la salud que incluyan a las mujeres contemplando su especificidad.

En el Municipio de Rosario, desde los años 90', la enfermedad en la mujer comienza a tener visibilidad a partir de su significativa presencia concentrando.

El primer caso de Sida en una mujer se registró en 1990, cuatro años después del primer hombre enfermo. En el transcurso de estos años (1986-2000) la relación hombre/mujer descendió de 10:1 a 3,9:1, y a medida que disminuye la edad de la población, decrece la relación en 2,7 hombre/mujer en el grupo de jóvenes de 15 a 24 años.

El devenir de la epidemia en la población femenina podría vincularse a sus condiciones socio-económicas, culturales, a las dificultades en la negociación del uso del preservativo, a la iniciación sexual precoz, como también a las condiciones históricas de desigualdad social manifiestas en las relaciones de género que las hacen más vulnerables frente a dicha epidemia.

Aún hoy, las opciones de las mujeres sobre todo aquellas relacionadas a las prácticas sexuales están sujetas a coerciones poderosas y profundamente enraizadas en nuestra sociedad, y provocan limitaciones que padecen las mujeres en el espacio de sus relaciones sociales.
La vulnerabilidad de las mujeres y el impacto de la epidemia en sus vidas ha estado cercada, casi siempre, por el silencio asociado con la sexualidad y la salud femenina. Como ha sido planteado (Grimberg, 1998) el VIH-Sida pone en juego el problema de la diverSidad sexual y los modelos de sexualidad, a la vez que organiza las categorías que sustentan las identidades individuales y colectivas.

La forma de comprender la sexualidad, las interacciones sexuales y la propia vivencia del complejo placer-deseo-sexualidad están íntimamente ligados a los conceptos culturales de la feminidad y la masculinidad. Así, abordar la sexualidad implica pensar en un complejo multidimensional de procesos de diverso órdenes y niveles, entendiendo las dimensiones biológicas y reproductivas en el marco más amplio de la cultura sexual.

Numerosos estudios (Gupta & Weiss, 1993; Campbell, 1995; Gogna, 2000) abonan la idea de que los estereotipos de género y las relaciones de poder entre varones y mujeres afectan centralmente la capacidad y potencialidad de las personas de adoptar conductas seguras para prevenir la infección del VIH y ETS. Puesto que, tradicionalmente se refuerzan estereotipos que representan a las mujeres de forma pasiva, como víctimas de la sexualidad masculina y reproductiva.

En tal dirección, el tema del preservativo y el sexo seguro no es meramente una opción entre poseer información y tomar una decisión racional, sino que no puede entenderse sin considerar las relaciones de poder basadas en el género, que son las que construyen y restringen estas decisiones y elecciones.
Cabe reflexionar acerca de que si bien se conoce que el medio más eficaz y seguro para la prevención del VIH es el preservativo, el uso del mismo queda circunscripto bajo la responsabilidad y control del varón.

Esta situación refuerza la vulnerabilidad femenina, dejando a la mujer, más expuesta y susceptible a riesgos de infección, en función de la frecuente resistencia y la baja adhesión al uso del condón por parte de los varones. Se hace evidente la desventaja de las mujeres, otorgándosele al varón el poder de decidir el momento de la relación sexual, y la práctica de "sexo seguro", y quedando, por lo general, del lado de las mujeres la responsabilidad de la anticoncepción.

Los cuestionamientos que hoy son presentados y que representan un desafío urgente para toda la sociedad son: cómo introducir el preservativo en la vida sexual de varones y mujeres? Cómo superar y cambiar una historia que, como se ve, tiene para las mujeres un discurso y un conocimiento que no considera sus necesidades reales de salud y afectivas o sociales? Cómo incluir a los varones en esa discusión de manera que se asuma una participación responsable y solidaria en el campo de las decisiones sexuales?

La necesidad de las mujeres de ampliar su auto-conocimiento, tanto para una mayor autonomía en su sexualidad, como para el control de la propia fertilidad viene orientando la búsqueda de nuevas prácticas anticonceptivas y de cuidado de la salud, en particular de la infección por el VIH.

Esta realidad conduce a profundizar el desarrollo de métodos de cuidado de la salud como el preservativo femenino puesto que, como lo sitúa Peter Piot en la Conferencia de Sida (UNAIDS-Ginebra), "urge el desarrollo de métodos de prevención, especialmente los que permitan a la mujer un rol activo".
En tal sentido, es cada vez más necesaria la búsqueda de métodos que posibiliten la doble protección de prevenir el embarazo y la transmisión del VIH, y que también puedan ser manejados y usados por las mujeres.

 

 
   
PROGRAMA MUNICIPAL DE SIDA - SECRETARÍA DE SALUD PÚBLICA - MUNICIPALIDAD DE ROSARIO Municipalidad de Rosario