VIH en personas privadas de la libertad en Rosario

Para hablar de la situación en que se encuentran las personas privadas de la libertad, debemos puntualizar, la dicotomía existente entre el marco legal, el "deber ser" y la realidad que padecen quienes se encuentran encarcelados.-

Desde el ya conocido e reiteradamente incumplido artículo 18 de la Constitución Nacional, cuando reza que "...las cárceles serán sanas y limpias...", hasta las normas nacionales, provinciales e incluso internacionales se intenta fijar un objetivo a las instituciones de encierro, en la también remanida y difícilmente cumplida "recuperación social del delincuente".- Entre ella destacamos las Reglas Mínimas para el tratamiento de reclusos, de las Naciones Unidas.-

Dentro de este deber ser se fijan desde las condiciones físicas de la detención (celda individual, ventilación, iluminación, etc) hasta actividades y derechos de los cuales los detenidos deben gozar, para "lograr la recuperación".- Así el derecho a acceder a la educación, a la actividad física, recreativa, al trabajo.-

También, y como norma fundamental se establece la obligación del estado de garantizar el derecho a la salud de las personas privadas de la libertad, el cual, principalmente, debe garantizarse en la mismas condiciones y calidad que a quien no se encuentra privado de su libertad.- Y esto implica, en el caso puntual del VIH el garantizar a las personas privadas de libertad los mismos estándares que al resto de la población, no solo en cuanto el tratamiento a quien vive con VIH sino también y en un sentido amplio del derecho a la salud, todas y cada una de las medidas de prevención para evitar la transmisión.- Por ello deberá brindarse una atención y tratamiento adecuado a quien vive con VIH, debiendo también hacerse mucho hincapié en las condiciones de salubridad del ambiente en que vive y de la dieta que recibe.- Pero a su vez, resultará fundamental el acceso a las medidas de prevención.-
El acceso a la prueba de detección, en un marco de confidencialidad y asesoramiento.- Como asimismo poder recibir información y conocimiento sobre medidas de prevención, tratamientos y derechos que los asisten. Pero también y principalmente, el acceso a dispositivos de prevención para evitar el contagio en practicas riesgosas, como por ejemplo preservativos, maquinitas de afeitar, elementos descartable para la realización de tatuajes, etc.

Este marco normativo, este deber ser "desaparece" cuando uno ingresa a un lugar de encierro y constata la forma en que sobreviven quienes se encuentran privados de la libertad.-

Si bien existen diferencias entre quienes se encuentran privados de la libertad en cárceles, dependientes del servicio penitenciario y quienes se encuentran en las comisarías, en ambos lugares, se esta lejos de garantizar las reglas mínimas, fijadas por Naciones Unidas.-

Sin perjuicio de ello, resulta sensiblemente peor la situación que se vive en comisarías la cual es a todas luces infrahumana. Lugares, pequeños donde generalmente se duplica o triplica la capacidad, con escasa o nula ventilación o luz solar. Conviven 20 donde solo entran 5.- 40 o 50 personas con un solo baño; donde para dormir hay que hacer turnos, por el simple hecho que no entrar todos acostados. Lugares húmedos y nauseabundos, con fuertes olores que se repiten de un lugar a otro.-
Las personas privadas de libertad en comisaría, no tienen garantizado absolutamente ningún derecho. No hay posibilidades de trabajar, ni de estudiar, ni tan siquiera realizar actividad física porque no hay espacio.

El derecho a la salud es sistemáticamente negado, dependiendo de la voluntad del comisario de turno. Solo ante la urgencia, se es trasladado a un centro hospitalario. No existe una política definida para brindar salud a las personas alojadas en comisarias. En este marco, el tratamiento de quien vive con VIH, resulta casi imposible, ya que dependerá del personal policial no solo el traslado para que lo vea un médico, sino también la obtención de la medicación en el hospital público, como el suministro de cada pastilla en tiempo y forma.

Esta situación se ve agravada en los últimos tiempos con reiterados casos de tuberculosis.-

No existe de parte del estado, ningún tipo de política de prevención ni de cuidado de la salud en general, ni especifica para VIH en ningún lugar de encierro de la provincia.-


Estado de algunos sitios de detención en comisarías de la Ciudad de Rosario

Han sido organismos no gubernamentales quienes han desarrollado actividades preventivas, en muchos casos con alto grado de dificultades, por la falta de comprensión por parte de las autoridades de la necesidad de las mismas. Por ejemplo la dificultad para aceptar el ingreso de preservativos, fundado en que las relaciones sexuales que excedan el marco de las visitas intimas se encuentran prohibidas, en consecuencia, no puede reconocerse su existencia a través del ingreso de preservativos.-

La realización de la prueba diagnostica, no se realiza en un marco de asesoramiento previo y posterior, en algunos casos ha sido efectuada en forma compulsiva, sin garantizar el derecho a la confidencialidad.-

Pese a todas estas dificultades, la C.T.C. ha desarrollado, un importante trabajo de prevención de VIH en comisarías durante los años 1999/2000, donde se detectó una prevalencia para el VIH del 10%. Con una población con escaso grado de alfabetización, con altísimo índices de uso de drogas (un 81% de los mayores encuestados y un 97% de los menores reconoció utilizarlas, de ambos grupos un 20% reconoció haber usado drogas inyectables) y consumo de alcohol en grandes cantidades, y sometidos a un alto grado de violencia (un 50% había sufrido alguna herida traumática). Pese a ello tenían conocimiento de la problemática y de las vías de contagio (el 90% sabía que se trasmitía a través de relaciones sexuales, el 89% en forma endovenosa y el 56% de madre a hijo) pero una alta dificultad para adquirir hábitos de cuidado. Sin perjuicio de ello la realización del test en forma asesorada y confidencial, el trabajar las dificultades de cambio de conductas, el acercarles dispositivos necesarios para prevenir el contagio, reconociendo la realidad que viven diariamente, el constante hincapié en el respeto de la dignidad humana y el respeto que deben tener de si mismo y de los demás, resultan herramientas fundamentales para lograr la prevención.-

Resulta imperioso, más teniendo en cuenta el alto grado de prevalencia al VIH y el alto grado de consumo de drogas y alcohol, el constante trabajo con esta población a fin de garantizar el acceso a medios de prevención, sin entrar a juzgar si las conductas se encuentran prohibidas o permitidas.- Como asimismo introducir políticas de reducción de daños acordes a las necesidades (teniendo presente por ejemplo, la cantidad de tatuajes que se realizan, el compartir hojitas de afeitar, etc) y como manera de prepararlos para que al recuperar la libertad accedan a todas los medios de prevención disminuyendo el riesgo de transmisión.-

Si bien, no podemos desconocer que estas condiciones de hacinamiento y negación de los mas elementales derechos son el mayor obstáculo para cualquier actitud de prevención, en la medida que las mismas no sean modificadas resultará necesario un mayor esfuerzo y trabajo para lograr hábitos de cuidado, en una población de por si castigada y excluida. Como así la necesidad de reclamar cada vez con más fuerza el respeto de los derechos fundamentales y el acceso a la salud en condiciones dignas.-


Coordinadora de Trabajo Carcelario
Zeballos 1410 Rosario
Tel. 4450082
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